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San
Dositeo |
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Estando
allí, fue un monje contemplativo que
renuncia a la propia voluntad para ponerse en manos
de Dios y que tiene un desprendimiento
ejemplar respecto a las cosas de este mundo, sin
sentir apego por nada, manifestado incluso en el
desprendimiento de los libros para los rezos y de
las herramientas con las que trabajaba su huerto. |
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San
Dositeo se nos aparece así en una desnudez heroica
de asceta negándose a apoyarse en nada humano,
reducido a un manojo de ansias de vivir sólo para
Dios y entrar en su eternidad sin el menor lastre de
afectos relativos a esta tierra. |
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Debían
tener razón, porque tantas veces se oculta el
apegamiento detrás de la razonable excusa de poseer
las cosas consideradas imprescindibles para el
ejercicio de la profesión, o de las que son un medio
para vivir. De esta manera, se presenta al asceta
San Dositeo como un inmenso mazo de amor a Dios, un
hombre cuya voluntad está plena deseos, de ansias,
de anhelos de vivir en exclusiva para el Señor, con
la decisión de entrar en su eterna posesión sin la
rémora o lastre que pueda suponer el más ínfimo
cariño a las cosas terrenas. Pensándolo bien, no es
extraño que con esa desnudez heroica de afectos a lo
que la mayoría de los mortales aprecian, Dositeo
haya dado una prueba más al acertar a morirse en el
día del año que sólo cada cuatro llega. |
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Así, ni
siquiera está apegado a su recuerdo.
Sin tener siquiera un sitio en el tiempo, porque ni
eso quiere. |
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