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Santa
Francisca Romana |
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La fama
de los milagros y virtudes de la Santa se había
divulgado por toda Roma y de todas partes la
llamaban para que curase a los enfermos y arreglase
las disputas. Posteriormente, Francisca formó una
congregación de mujeres que vivieran en el mundo sin
más votos que la obligación de consagrarse
interiormente a Dios y al servicio de los pobres, la
que llevó el nombre de la orden de Oblatas de María;
sin embargo, poco después el pueblo cambió el nombre
por el de Oblatas de Tor Specchi. |
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De
pequeña, Santa Francisca tuvo la fortuna de ver a su
ángel de la guarda, que velaba por Ella día y noche.
Jamás la dejó un solo instante, y en ocasiones, como
favor especial,
le permitía ver el esplendor de su figura. En una
ocasión, el escéptico padre de Francisca la requirió
el honor de ser presentado a esta criatura
"imaginaria". Entonces Ella tomó al ángel de la
mano, y uniéndola a la de su padre, los presentó,
pudiendo el último verlo y así no volver a dudar. |
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El 9 de
marzo de 1440, conforme lo había predicho, la Santa
entregó su alma a Dios. Tenía 56 años, de los cuales
doce los había pasado en la casa paterna, cuarenta
en el estado matrimonial y cuatro como religiosa.
Roma lloró y exaltó a aquella ilustre hija. Fue
canonizada en 1608. Su cuerpo se mantuvo incorrupto
meses después de su muerte y, además, exhalaba, un
perfume que resultaba conocido a aquellos que habían
tratado con Ella. |
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En cada
año, el 9 de marzo, llegan cantidades de peregrinos
a visitar su tumba en el Templo que a Ella se le ha
consagrado en Roma y a visitar el convento que Ella
fundó allí mismo y que se llama "Torre de los
Espejos". |
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