|
|
|
San José
de Cupertino |
|
|
|
|
|
Fueron
un suplicio los estudios. Cada examen era un
fracaso. Pero, sus progresos en la virtud eran
extraordinarios. Vivía en éxtasis casi permanente.
El mismo Señor obispo quiso examinarlo para órdenes.
Cogió el Evangelio al azar y salió el único texto
que sabía explicar. Era sobre la Virgen, a la que
tenía gran devoción: “Dichoso el vientre que te
llevó”. Lo tradujo, lo comentó y fue admitido al
presbiterado. Lo atribuyó a la Virgen. Desde
entonces, los éxtasis y los favores milagrosos a
cuantos acudían a él, se multiplicaron. Tales hechos
taumatúrgicos originaron envidias. Fue denunciando
ante la Inquisición y lo citaron a juicio. Los
inquisidores lo examinaron a fondo durante dos
semanas, en largas sesiones. Le arguyeron sobre las
cuestiones teológicas más intrincadas y a todas
respondió con acierto, por lo que proclamaron su
inocencia y sabiduría y la ciencia infusa que
demostraba. |
|
La fama
de sus portentos se extendía. Tenía también
predilección por los animales, como sucede a los
santos más sencillos, y con ellos obró muchos
milagros. Estuvo unos años en el convento de Asís y
allí prodigó los milagros y arregló las discordias,
por lo que lo proclamaron hijo adoptivo.
Sufrió
de nuevo incomprensiones y tentaciones, pero de
todas lo libró el Señor. Celebraba la Misa con
extraordinario fervor. Era la admiración de todos.
Al llegar la hora de su muerte, de la que había
recibido aviso, recibió el viático con transportes
de alegría. |
|
El 18 de
septiembre de 1663 entregó su alma a Dios, a la edad
de 60 años. Contaban los frailes que aquel perfume
milagroso que indicaba su presencia en los
conventos, se difundió ahora y duró muchos años. |
|
|
|
 |
| |
 |
|
| |
|
|
|