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San Juan
Gabriel |
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Doce
años tuvo que esperar para ver cumplidos sus deseos.
En 1835 partió para Macao. Durante cuatro meses se
aplicó al estudio del idioma chino, en el que
alcanzó sorprendentes progresos con rapidez. Tuvo
que disfrazarse y vestir a la usanza de los
naturales del país; se hizo rapar la cabeza y se
dejó crecer la coleta y los bigotes. |
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Le
destinaron la misión de Honán. En el ejercicio de
esta actividad se dedicó preferentemente a la
salvación de los niños abandonados, de los que había
gran número; los recogía, los alimentaba y educaba,
instruyéndolos como podía en la doctrina. Dos años
después fue enviado a la provincia de Hupeh, que
sería el lugar de su martirio. En el año 1839 había
irrumpido un violento brote de persecución. Por
orden del gobernador la misión fue ocupada por las
tropas. Los padres lazaristas que lograron escapar
anduvieron errantes al sur del Yang-Tse Kiang, por
los montes y las plantaciones de té y algodón.
Deshecho de cansancio, Juan Gabriel se detuvo en una
choza, ocupada por un chino convertido que lo
recibió con amabilidad. Mientras nuestro Santo
dormía, aquél lo delató a un mandarín, recibiendo en
pago treinta monedas de plata. De aquí en más, Juan
Gabriel recorrió un itinerario de sufrimientos. Fue
llevado interminablemente de tribunal en tribunal,
siendo azotado, escarnecido y torturado, puesto en
prisión junto a malhechores comunes; con hierros
candentes grabaron en su rostro caracteres chinos,
pero fracasaron al querer que pisoteara un
crucifijo. |
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Al año
de ser capturado se dio fin a su martirio, en la
capital, Wuchangfú, ahorcándolo en un madero con
forma de cruz, el 11 de septiembre de 1840.
Supo estar siempre en las manos de Dios. |
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