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ra
natural de Tiatira, ciudad de Ásia,
pero vivía en Filipos (Macedonia). Su
familia fue la primera en Europa en
convertirse al cristianismo y ser bautizada.
Lidia era una comerciante de púrpuras. Eso
podría no significar mucho para nosotros hoy
en día, pero en el siglo primero eso
significaba que era una mujer muy rica. Dado
que el tinte de la púrpura se extraía con
muchas dificultades de cierto molusco, sólo
una elite podía permitirse tener telas
teñidas de ese color. Una mercader que
vendiera ese tinte tan extremadamente
costoso era rica, se mirase como se mirase.
No hay indicaciones de que Lidia abandonara
su negocio tras convertirse al
cristianismo. Pero hay muchas pruebas de que
utilizó su fortuna sabiamente,
compartiéndolas con los necesitados y con
quienes trabajaban con ella. Entendió que el
valor real de la riqueza reside en el modo
en que la usas, no en cuánto tienes. |