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Santa
María de la Encarnación |
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Experimentó una ayuda formidable con dos
personalidades de aquellos años. Uno fue San
Francisco de Sales, el Santo de la dulzura y del
humanismo cristiano. Y el segundo fue el Cardenal
Pedro de Bérulle. En el
año 1616 muere su marido sin que ella durante su
enfermedad le dejara ni un instante. Fue
verdaderamente un modelo de esposa y de madre. |
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Rotas
las ataduras que la ligaban al mundo sólo ansía ya
entregarse al Señor en la vida religiosa. Podía
hacerlo en los conventos que ella había fundado y
donde sabía que tendría muchos deudos, pero quiso
elegir el más pobre y más lejano, el de Amiens, al
que solicitó, con gran humildad, que la recibieran
como Hermana de Obediencia. Se entregó de lleno a la
vida de oración, penitencia y servicio en los
trabajos más humildes. Recibió muchas gracias del
cielo y también hubo de sufrir no pocas
incomprensiones y enfermedades que llevó con gran
paz y hasta con alegría. |
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En los
últimos años de su vida, su salud no era buena.
Llena de paz y con muchos consuelos del cielo,
expiró el 18 de Abril de 1618 en el convento de
Pantoise. Sus restos reposan en la capilla de este
convento Francés. |
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