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Mateo, Apóstol y Evangelista nos es conocido
sobre todo por el Evangelio y por la
tradición.
Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo,
vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.
El Evangelio nos habla de su oficio y de su
conversión. Según este, Mateo pertenecía a
una clase social muy poco considerada, sobre
todo en la Palestina y Samaria sometidas
entonces a la dominación romana: era
un publicano, cobrador de impuestos.
No era precisamente querido por sus
compatriotas: los publicanos eran
despreciados por trabajar juntando dinero
para los romanos, lo que les permitía,
guardando algo para ellos, vivir cómodamente.
Escucha la llamada del Señor y de publicano
y pecador, pasa a discípulo, a dejarlo todo
y seguir de manera radical a Jesucristo.
Jesús lo nombra como uno de sus 12
preferidos, a los cuales llamó apóstoles y
en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en
forma de lenguas de fuego. Los judíos le
dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí
había resucitado (y lo mismo hicieron con
los otros apóstoles) y cuando estalló la
terrible persecución contra los cristianos
en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a
evangelizar, y dicen que predicó en Etiopía
y que allá murió martirizado. |