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San Roque de Montpellier

Fiesta: 16 de Agosto    1295 - † 1327

an Roque fue uno de los grandes ejemplos de caridad cristiana que conmovieron primero a Francia y luego a toda la cristiandad. Nació en Montpellier (Francia) hacia el año 1295. Era hijo único de familia noble y rica, con poder político en la ciudad, sus padres fueron el gobernador de Montpellier, Juan, y su esposa Libera, vasallos de Jaime II de Aragón, por lo que recibió una educación exquisita. 

A los doce años de edad perdió a su padre y a los veinte a su madre, quedando heredero de cuantiosas riquezas. Dios le había quitado lo único que podía retenerle en el plano social de lujos y honores en que había nacido: sus padres. Pronto, no obstante, llamado por la inquietud que sentía en su corazón y por los impulsos del Espíritu Santo, comenzó una nueva vida. Se fue en peregrinación a la ciudad eterna de Roma buscando consuelo espiritual. Antes de su partida, como un buen joven razonable, repartió sus bienes para quedar completamente libre de toda atadura. Una parte se la entregó a los pobres y necesitados y la otra fue para su tío.

Y en ese tiempo estalló la peste de tifo y las gentes se morían por montones por todas partes. Roque se dedicó entonces a atender a los más abandonados. Con todos practicaba la más exquisita caridad, se dedicó a atender a los más peligrosos de los apestados. Y un día mientras atendía a un enfermo grave, se sintió también él contagiado de la enfermedad. Su cuerpo se llenó de manchas negras y de úlceras. Para no ser molesto a nadie, se retiró a un bosque solitario, y en el sitio donde él se refugió, ahí nació un aljibe de agua cristalina, con la cual se refrescaba.

Y sucedió que un perro de una casa importante de la ciudad empezó a tomar cada día un pan de la mesa de su amo e irse al bosque a llevárselo a Roque. Después de varios días de repetirse el hecho, al dueño le entró curiosidad, y siguió los pasos del perro, hasta que encontró al pobre llaguiento, en el bosque. Entonces se llevó a Roque a su casa y lo curó de sus llagas y enfermedades. Apenas se sintió curado dispuso el Santo volver a su ciudad de Montpellier. Pero al llegar a la ciudad, que estaba en guerra, desfigurado por la enfermedad, los trabajos y la penitencia, nadie le reconoce, los militares lo confundieron con un espía y lo encarcelaron. Así estuvo 5 años en la prisión.

Y un 16 de agosto, del año 1327, murió como un Santo en la prisión. San Roque sigue haciendo muerto lo que hizo vivo: curar, sanar, purificar los aires mefíticos, expulsar las epidemias y disputar sus presas al dolor y a la muerte.

En algunos países de América Latina lo llaman el patrono de los perros y se utiliza su imagen para el bautizo de las mascotas.