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Santa
Verónica de Julianis |
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Ya desde
muy niña sentía una gran compasión por los pobres, y
a los seis años regalaba su merienda a pobres
mendigos y dejaba su abrigo de lana a pobrecitos que
tiritaban de frío. Tenía especial devoción a la
Virgen Santísima y al Divino Niño Jesús y en su
altarcito les rezaba día por día. Y una tarde,
mientras les estaba hablando con todo fervor, le
pareció que ambos le sonreían. Era una verdadera
aprobación a los esfuerzos que ella estaba haciendo
por volverse mejor. Desde ese día sintió un
entusiasmo nunca antes tenido, respecto de la
santidad. |
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A los 11
años descubre que la devoción que la va a llevar al
fervor y a la santidad es la de Jesús Crucificado.
La de las 5 heridas de Jesús en la cruz. Desde
entonces su meditación continua es en la Pasión y
Muerte de Jesús y a los 17 años entró en el convento
de religiosa capuchina. Allí se dedicó a cumplir lo
más exactamente los deberes de una buena religiosa y
a meditar en la Pasión y Muerte de Jesús,
especialmente en sus cinco heridas de la cruz y en
su corona de espinas. Y cuando cumplió los 33 años,
en 1693, empezaron a aparecer en su cuerpo las cinco
heridas de Jesús: en las manos, en los pies, en el
costado y heridas en la cabeza como de una corona de
espinas. Los médicos se esforzaron todo lo que
pudieron para curarle esas heridas, pero por más
curaciones que les hicieron, estas no cicatrizaron.
El Señor obispo llegó y durante tres días examinó
las heridas de las manos y los pies y de la corona,
en presencia de cuatro religiosas, y no pudo
encontrar ninguna explicación natural a este
fenómeno. Las heridas se agravaban el Viernes Santo. |
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Al
cumplir sus Bodas de Oro de profesión religiosa,
después de haber vivido cincuenta años como una
fervorosa y Santa capuchina, sintió que sus fuerzas
le faltaban. Sufrió una apoplejía (o derrame
cerebral) y murió el 9 de julio de 1727. |
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