|
|
|
Santa
Catalina Labouré |
|
|
|
|
|
Al fin,
a los 24 años, logró que su padre la dejara ir a
visitar a la hermana religiosa, y al llegar a la
sala del convento vio allí el retrato de San Vicente
de Paúl y se dio cuenta de que ese era el sacerdote
que había visto en sueños y que la había invitado a
ayudarle a cuidar enfermos. Desde ese día se propuso
ser hermana vicentina, y tanto insistió que al fin
fue aceptada en la comunidad. |
|
El 27 de
noviembre de 1830 estando Santa Catalina rezando en
la capilla del convento, la Virgen María se le
apareció totalmente resplandeciente, derramando de
sus manos hermosos rayos de luz hacia la tierra.
Ella le encomendó que hiciera una imagen de Nuestra
Señora así como se le había aparecido y que mandara
hacer una medalla que tuviera por un lado las
iniciales de la Virgen María "M", y una cruz, con
esta frase "Oh María, sin pecado concebida, ruega
por nosotros que recurrimos a Ti". Y le prometió
ayudas muy especiales para quienes lleven esta
medalla y recen esa oración. Catalina le comentó a
su confesor, el
Padre Aladel, esta aparición, pero él no la creyó.
Sin embargo el sacerdote al darse cuenta de la
santidad de Catalina, intercedió ante el Arzobispo
para obtener el permiso para hacer las medallas y
por ende, los milagros. Desde 1830, fecha de las
apariciones, hasta 1876, fecha de su muerte,
Catalina estuvo en el convento sin que nadie se le
ocurriera que Ella era a la que se le había
aparecido la Virgen María para recomendarle la
Medalla Milagrosa. En los últimos años obtuvo que se
pusiera una imagen de la Virgen Milagrosa en el
sitio donde se le había aparecido. |
|
Al fin,
ocho meses antes de su muerte, fallecido ya su
antiguo confesor, Catalina le contó a su nueva
superiora todas las apariciones con todo detalle y
se supo quién era la afortunada que había visto y
oído a la Virgen. Por eso cuando Ella murió, todo el
pueblo se volcó a sus funerales. |
|
En 1947
el Santo Padre Pío XII declaró Santa a Catalina
Labouré. |
|
|
|
 |
| |
 |
|
| |
|
|
|