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Las
actas antiguas dicen que estos le decían: "Ruega por
nosotros Clemente, para que seamos dignos de las
promesas de Cristo". San Ireneo (que vivió en el
siglo segundo) dice que Clemente vio a los Santos
apóstoles Pedro y Pablo y trató con ellos. Las Actas
antiguas añaden que allá en Crimea convirtió a
muchísimos paganos y los bautizó. Los obreros de la
mina de mármol sufrían mucho por la sed, porque la
fuente de agua más cercana estaba a diez kilómetros
de distancia. El Santo oró con fe y apareció allí
muy cerca una fuente de agua cristalina. Esto le dio
más fama de santidad y le permitió conseguir muchas
conversiones más. Un día las autoridades le
exigieron que adorara a Júpiter. Él dijo que no
adoraba sino al verdadero Dios. Entonces fue
arrojado al mar Negro, y para que los cristianos no
pudieran venerar su cadáver, le fue atado al cuello
un ancla. Pero una gran ola devolvió su cadáver a la
orilla. San Cirilo y San Metodio llevaron a Roma en
el año 860 los restos de San Clemente, los cuales
fueron recibidos con gran solemnidad en la Ciudad
Eterna, y allá se conservan. |