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Más
tarde dejó la abogacía y entró de religioso
capuchino. Tenía 35 años. Dividió sus importantes
riquezas en dos partes: la mitad la repartió a los
pobres, y la otra mitad la dio al Sr. Obispo para
que hiciera un fondo para costear los estudios a
seminaristas pobres. Habiendo sido tan rico y tan
lleno de comodidades se fue a vivir como el más
humilde y pobre fraile capuchino. En Friburgo
consiguió la conversión de muchos protestantes. Y la
gente se quedó admirada cuando llegó la peste del
cólera, pues se dedicaba de día y de noche a asistir
gratuitamente a todos los enfermos que podía. |
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Su
predicación conseguía grandes frutos porque era
sencilla, clara, fácil, práctica, suave y amable,
pero acompañada por la unción o fuerza de conmover
que proviene de quien antes de predicar reza mucho
por sus oyentes y después de la predicación sigue
orando por ellos. Era tal el atractivo de sus
sermones que hasta los mismos herejes iban a
escucharlo. Pero este atractivo fue el que llenó de
envidia y rabia a sus opositores y los llevó a
escogerlo a él, entre todos los compañeros de
misión, para martirizarlo.
Y efectivamente, el domingo 24 de Abril, mientras
predicaba la Palabra de Dios, unos herejes lo
mataron, lo atacaron con palos y machetes y lo
derribaron por el suelo, entre un charco de sangre.
Poco antes de morir alcanzó a decir: "Padre,
perdónalos". |