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San
Serapión |
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No se
había hecho religioso para vivir tranquilo: acompaña
al rey don Jaime en la conquista de Mallorca, vuelve
a la Gran Bretaña, cae en manos de unos piratas que
le azotan hasta creerle muerto, corre gravísimos
peligros en Escocia, y, de nuevo en España, se
dedica con tanto ardor a la redención de cautivos
que parece milagroso que salga con bien de sus
empresas. |
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Muere
mártir en Argel, después
de largas torturas en una cruz aspada. Infatigable
en la violencia por la fe hasta que se hace víctima
al servicio de los que no necesitan la fuerza, sino
el suficiente amor para morir por ellos. |
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